Otoch, Mestiza de Indias, en el sureste del país, protege 200 hectáreas de selva en la que también habitan plantas raras. Buscan hacerle frente al turismo masivo
Siis bik es el nombre maya yucateco que recibe la Vainilla, la orquídea enredadera

Gonzalo Samaranch y José Daniel Chuc rodeados de la vainilla maya, en Mestiza de Indias.
Su papá recién había fallecido y Gonzalo Samaranch, aun siendo joven, dejó Barcelona para refugiarse en el único lugar apenas más profundo que su dolor: la Amazonia brasileña. Fueron ocho meses metido en la selva en los que pasaba noches, atento y quieto, sobre plataformas montadas en las copas de los árboles, a la espera de cazar los animales que por la mañana se comía. Un día tuvo una visión. “Me vi a mí mismo en el futuro, en una selva, cultivando alimentos, casado con una mujer indígena y en un lugar donde había un río subterráneo. Es exactamente lo que estoy haciendo hoy”, dice Samaranch, hoy de 50 años.
Él es fundador de Mestiza de Indias, una iniciativa de agricultura regenerativa impulsada junto a su esposa de origen maya, Martha Elena Chan Tuz, que está radicada en plena selva de la península de Yucatán. Allí fue donde encontraron algo rarísimo sobre una hermosa aguada: una especie de vainilla silvestre, con una diversidad genética como ya no se ve en esta planta amenazada por el cambio climático, y de la que se volvieron sus guardianes.
A través del proyecto, la pareja protege 200 hectáreas de selva y ha revitalizado cinco de ellas, donde ahora crecen cientos de árboles frutales y hortalizas orgánicas de alta calidad. Los productos son ofrecidos a hoteles y restaurantes de la región, pero solo a aquellos que van a contracorriente de las exigencias de la industria del turismo masivo.
La vida de Samaranch ha ido en zigzag. A sus 18 años hacía fotografía de moda en París y retrataba a personas con autismo. Se fue ocho meses a la Amazonia y luego regresó a Barcelona para estudiar periodismo. Al graduarse, editó Le Cool, guía de turismo underground, y después fue marchante de arte para ganar dinero. Entonces tuvo una crisis existencial: se reconoció privilegiado y decidió contribuir a un mundo mejor. Vendió todo y viajó buscando proyectos inspiradores hasta llegar a Las Cañadas, centro de agroecología referente en México, donde se formó para replicar el modelo.

José Daniel Chuc sostiene una hoja de la vainilla maya.
En 2013 se mudó a Tulum con la idea de hacer permacultura. Observó el auge turístico del Caribe mexicano y la importación de alimentos. La migración juvenil se había traducido en el abandono de la milpa, antes fuente de comida saludable, y los jóvenes llegaban con dinero ganado en el turismo, pero que se gastaba en comida chatarra. Samaranch concluyó que un proyecto de agricultura regenerativa orgánica podía atender esas problemáticas.
Con sus ahorros compró 200 hectáreas en Espita, entre Cancún y Mérida: lejos de polos turísticos y la contaminación, pero cerca de poblaciones que requerían empleo. “Me interesó este predio porque no tenía que cortar selva, pues ya estaba impactado por malas prácticas de ganadería. Lo limpiamos, instalamos un sistema de riego, comenzamos a sembrar y a ofrecer los productos en restaurantes de la región”, explica. La agricultura, agrega, es generosa: los rábanos crecen en 20 días, los tomates en tres meses y, con buena planeación, puede haber producción escalonada en pocas semanas.
Un paisaje donde la comida se prueba
Fue en Espita donde Samaranch también conoció a su ahora esposa, Chan, lideresa de proyectos comunitarios, exsecretaria de turismo municipal y ahora metida de lleno en el proyecto. Para llegar a Mestiza de Indias, hay que pasar por San Pedro Chenchelá, una diminuta localidad de Espita. Al atravesar la reja de la propiedad, se ve un amplio terreno y, de frente, un colmenar. Samaranch aclara de inmediato que son abejas meliponas beecheii, endémicas, pero que hay otra especie. “Las meliponas están de moda, pero son solo una de las tantas variedades. Las beecheii son populares por ser las más productivas”, dice. “Otra vez con ese mismo cuento: siempre buscando el mayor rendimiento. Pero se han olvidado de las otras variedades en peligro”. En el proyecto, explica, también tienen la Nannotrigona perilampoides y, próximamente, gracias a la asesoría de la organización Miel Nativa Kaban, tendrán otras.

Vainilla maya
La vainilla maya
“Y aquí la joya de la corona”, anuncia Samaranch, tras adentrarse aún más por la selva y después de descender unos 50 metros hacia un hermoso pantano. Señala las hojas lisas y carnosas de la vainilla maya. Para dimensionar el hallazgo, Samaranch se remite al biólogo David Moreno Martínez, fundador de la organización Orquídea, Ciencia y Tecnología, y experto en vainilla. Explica que existen más de 25.000 especies de orquídeas: unas 125 son vainillas y solo tres tienen importancia económica por su aroma y sabor. La más conocida es la planifolia, de origen mesoamericano, usada para dar sabor a los alimentos, pero hoy en peligro porque se reproduce por esquejes: se corta un fragmento, se siembra y se repite el proceso infinitamente. Así florece en tres años o, por semilla, tardaría ocho. Al ser clones, se reduce la y aumenta su vulnerabilidad al cambio climático.

Vainilla de México . Vainilla mexicana . vainilla maya . vainilla de Yucatán

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